Si creciste en Asturias, el Cuélebre tien que sonate.
Y si vienes de fuera, seguramente lo hayas visto sin saber muy bien qué mirabas: una serpiente enorme, alada y enroscada que aparece una y otra vez cuando se habla de mitología asturiana.
Vamos a contarte su historia.
Una culiebra que echó alas
El Cuélebre es una serpiente gigantesca y alada, cubierta de escamas durísimas. En algunas versiones, las alas aparecen cuando el animal envejece; en otras, simplemente nace con ellas.
Aurelio de Llano, uno de los autores más reconocidos en este tema, que recorrió Asturias recogiendo relatos tradicionales a principios del siglo XX, cuenta que sus escamas eran tan resistentes que no había dios a pasarlas.
Sin emabrgo, su garganta era uno de sus puntos vulnerables.
Dónde se esconde
Cuevas, bosques, fuentes y cavidades profundas son su territorio.
El agua aparece muchas veces alrededor de estas historias, especialmente en fuentes con huecos, cuevas o pasos hacia el interior de la tierra.
En Caravia, el pueblo donde nació Aurelio de Llano, se contaba que en la fuente del Alisu vivían unas princesas encantadas por un Cuélebre. Salían el día de San Juan, que es la única noche en que el bicho duerme, a limpiar la cadena de oro que las rodeaba.
Quédate con ese detalle, que dentro de un par de párrafos volvemos a él.
Cuando envejece, algunas tradiciones cuentan que el Cuélebre acaba marchándose hacia la Mar Cuajada, un lugar donde vivirían los cuélebres viejos rodeados de enormes riquezas.
La ayalga: lo que está guardando
Aquí llegamos a una palabra importante.
El Cuélebre guarda tesoros. En asturiano, una ayalga puede ser una joya, una riqueza encontrada o, muy especialmente dentro de estas historias, un tesoro oculto.
Y la búsqueda de ayalgues tuvo bastante recorrido. Circularon repertorios de tesoros que describían lugares donde supuestamente podían encontrarse riquezas escondidas. Hubo gente que realmente salió a buscarlas.
Por qué se le tenía miedo
En los relatos ataca ganado, animales e incluso personas. Algunas historias cuentan además que exigía comida o tributos para dejar tranquilos a los habitantes de una zona.
Y en ciertos relatos aparece un motivo especialmente oscuro: la entrega de una muchacha al monstruo. Qué sorpresa.
No ocurre en todas las historias sobre cuélebres, pero sí forma parte de algunas variantes tradicionales del relato que lo envuelve.
Cómo se mataba a un Cuélebre
Pasa por engañarlo.
En Brañaseca, según recogió Aurelio de Llano, los vecinos alimentaban al Cuélebre con borona y pan de centeno para que no atacara al ganado.
Hasta que un día le prepararon otro menú.
Calentaron una piedra al rojo vivo y se la dieron como si fuera comida. El Cuélebre se la tragó.
En Oviedo, detrás del convento de Santo Domingo, se contaba otra historia parecida. Los frailes acabaron con el suyo preparándole un pan relleno de alfileres.
Y si cruzamos hacia León encontramos versiones emparentadas con la misma idea. En La Vid de Gordón, por ejemplo, una tradición vinculada a San Lorenzo cuenta que el monstruo recibe una torta con hierros calentados al rojo.
Distintos pueblos, misma estrategia: si la fuerza no funciona, aprovecha que el bicho es un glotón.
El mismo bicho, otros nombres
En Cantabria encontramos el culebre, y en León aparecen nombres como culuebro, culebrón o sierpe.
Las historias cambian según la zona, igual que cambian los nombres, los lugares y algunos detalles. Pero esa imagen de la gran serpiente asociada a cuevas, tesoros y lugares peligrosos recorre buena parte del norte peninsular.
Y por qué sigue aquí
El Cuélebre lleva siglos pegado al paisaje asturiano.
A las cuevas. A las fuentes. A las riquezas escondidas. A las xanas y mujeres encantadas que aparecen en historias cercanas. A esa sospecha tan nuestra de que debajo de una piedra igual no hay nada… pero tampoco fai falta levantala.
Quizá por eso sigue funcionando tan bien.
Porque alrededor del Cuélebre siempre hay algo guardado.
Y nosotros también tenemos unas cuantas ayalgues.
Nuestras ayalgues
- El Ojo del Cuélebre — caja secreta con forma de libro antiguo, la tapa cubierta de escamas y un ojo reptil vigilando quién se acerca.
- Colgante Ojo de Cuélebre — para llevar esa mirada encima.
- Ayalga — la caja que lleva el nombre de lo que el Cuélebre custodia.
- Azulejo del Cuélebre — para la pared.
- Tote Bag Cuélebre — para la calle.
Están todas en Mitología y criaturas del norte.
Para tirar del hilo
- Aurelio de Llano Roza de Ampudia, Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres (1922), con prólogo de Ramón Menéndez Pidal. Escaneado y libre en Internet Archive.
- Constantino Cabal (1877–1967), La mitología asturiana: Los dioses de la muerte (1925), Los dioses de la vida (1925) y El sacerdocio del diablo (1928).
- Alberto Álvarez Peña (Gijón, 1966), autor de una veintena larga de libros sobre mitología y tradición oral asturiana.
- Ramón Baragaño, La mitología popular asturiana, en el repositorio de la Universidad Autónoma de Madrid.
Sigue por el monte
El cuélebre no anda solo por ahí. En el mismo monte te puedes cruzar con la xana, que muchas veces es la que le tiene guardando el tesoro; con el trasgu, que de casa no sale ni harto vino; y con el nuberu, que es quien trae la galerna cuando le apetece.