De todas las criaturas asturianas, la Xana es la que mejor ha viajado. Está en el nombre de niñas, de bares, de grupos de música y de la mitad de los negocios de Asturias.
Y precisamente por eso os contamos qué era exactamente.
Cómo es una Xana
Pequeña, de una belleza que no es de este mundo y con una melena rubia larguísima. Va con traje regional o con una túnica blanca, según quién cuente la historia.
Hay otra versión, menos conocida, que las describe al revés: bajitas, delgadas y muy morenas. Las dos versiones conviven en la tradición, sin ponerse de acuerdo, que es como funcionan estas cosas.
Lo que no cambia nunca es dónde están.
Siempre junto al agua
Fuentes, cuevas y orillas de río. Agua viva, corriente, limpia.
Y hay una hora concreta para verlas: al amanecer. Ese rato justo antes de que el día arranque del todo, cuando todavía no hay nadie en el camino.
Se las ve peinándose. Hilando. Tendiendo al sol ruecas y ovillos de oro o de plata. En los relatos aparecen también con peines, tijeras y hasta gallinas doradas.
Toda la escena está construida sobre lo mismo: una mujer sola, junto al agua, trabajando con las manos, rodeada de cosas de oro.
Buena gente, en general
La Xana no está ahí para hacerte daño. La tradición la coloca del lado bueno: espíritu del agua dulce, con trato amistoso con pastores y campesinos.
Se les pedían favores. A veces los concedía. A veces salía cara la petición.
La que sí está encantada
Aquí conviene separar dos cosas que se suelen mezclar constantemente.
Una Xana es una Xana. Una encantada es una mujer humana a la que le echaron un hechizo, y que está atrapada custodiando un tesoro hasta que alguien la libere.
En la tradición aparecen princesas y moras encantadas, castigadas y metidas en una cueva con el oro. Algunas Xanas también están encantadas, y de ahí viene el lío. Pero no es lo mismo ser Xana que estar encantada.
Quien las custodia, en muchos relatos, es el Cuélebre.
La mañana de San Juan
El día importante.
La mañana de San Juan las Xanas pierden su poder. Es la única ocasión en que las prisioneras pueden desencantarse.
Los relatos de desencanto son pruebas, y son duras. En uno hay que guardar un bollo intacto durante un año entero. En otro, La mujer serpiente, la encantada aparece con forma de serpiente y hay que dejarse enroscar por ella y darle un beso.
Casi nadie lo consigue.
El mismo ser, otros nombres
Cruzas un concejo y le cambia el nombre. Ínjanas en Llanes. Xianas en Ponga. Xanias en Cudillero y Muros de Nalón.
Y si tiras más atrás, la cosa se pone interesante: hay quien ve en la Xana un recuerdo desdibujado de las Dianas paganas, las ninfas del agua de la Roma antigua. Un culto que ya en el siglo VI andaba condenando San Martín de Braga, lo que da idea de lo viejo que es esto y de las ganas que había de quitarlo de en medio.
No lo consiguieron. Mil quinientos años después seguimos poniéndole el nombre a las niñas.
Y por qué sigue aquí
La Xana es la parte amable y bella de un paisaje que no siempre lo es.
En una tierra de niebla, de mar bravo y de inviernos largos, alguien decidió que junto a las fuentes había una mujer guapa peinándose al amanecer.
Y ahí sigue, en cada fuente a la que le sale agua sin que nadie sepa muy bien de dónde.
En el taller, la Xana tiene ya unas cuantas formas:
- Taza Mitología Xana — la dama de las fuentes encantadas, para el desayuno.
- Azulejo de la Xana — para la pared o la estantería.
- Tote Bag Xana — para llevarla a la calle.
Están todas en Mitología y criaturas del norte.
Para tirar del hilo
- Aurelio de Llano Roza de Ampudia, Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres (1922), con prólogo de Ramón Menéndez Pidal. Escaneado y gratis en Internet Archive.
- Constantino Cabal (1877–1967), La mitología asturiana: Los dioses de la muerte (1925), Los dioses de la vida (1925), El sacerdocio del diablo (1928).
- Alberto Álvarez Peña (Gijón, 1966), con una veintena larga de libros sobre mitología y tradición oral asturiana.
- Ramón Baragaño, La mitología popular asturiana, trabajo académico disponible en el repositorio de la Universidad Autónoma de Madrid.
Sigue por el monte
La xana no está sola en el agua. El cuélebre suele andar cerca, guardando lo que ella esconde; el trasgu se te instala en casa y no hay quien lo eche; y el nuberu pasa por encima con la tormenta a cuestas.