Hay una expresión que en Asturias de vez en cuando se sigue oyendo: "ta más feo qu'el nuberu".
Detrás de esa frase hay una criatura que durante siglos fue lo más temido del campo asturiano.
Porque el Nuberu te podía arruinar el año.
Cómo es
Viejo, altísimo, ancho de espaldas y de una fealdad que en los relatos se suele subrayar. Tez oscura, boca y orejas grandes, barbaza. Los ojos hundidos, encendidos como brasas.
Va vestido con pieles y un sombrero de ala ancha.
Cabalga las nubes.
Qué hace
Dirige el tiempo.
En los relatos es el responsable de las tormentas, del granizo, de los aguaceros que revientan la cosecha en una tarde y de las galernas del Cantábrico, esas que se levantan en media hora y a las que el mar les tiene más que respeto.
Trae los rayos. Descarga el agua donde no toca. Hace destrozos en los campos y en los sembrados.
Ahí está la diferencia con el resto de criaturas asturianas: al Cuélebre le echas comida y al Trasgu le picas el orgullo. Contra el Nuberu no hay maña que valga, porque lo que te está quitando es de comer.
Dónde vive
Con su mujer y sus hijos, en lo alto de una montaña, en una ciudad cubierta de nubes. Hay quien lo sitúa en las cumbres entre Asturias y León.
Y hay versiones que lo mandan mucho más lejos: a Egipto. Ese detalle raro, un genio de las tormentas asturiano viviendo en Egipto, aparece una y otra vez en la tradición.
Cómo se le espantaba
Con las campanas.
Cuando el cielo se ponía feo, se tocaban las campanas de la iglesia para conjurarlo y desviarlo. Se encendían velas. Y si la cosa venía muy mal dada, se llamaba al cura para que conjurara.
La misma costumbre está documentada en Galicia, Cataluña, Castilla, Portugal, la Bretaña francesa y Sicilia. Media Europa tocando campanas contra las nubes.
La leyenda del labrador de Taja
Es la mejor historia del Nuberu, y la recogió Aurelio de Llano.
Un labrador de Taja se encuentra al Nuberu caído y lo acoge en su casa.
Pasan los años. El labrador acaba yendo a las cruzadas, lo cogen preso los moros y allí se queda, lejísimos, dado por muerto en su pueblo. Tanto, que su mujer está a punto de volver a casarse.
Y entonces reconoce al Nuberu, que anda por allí con su típica apariencia.
El Nuberu se acuerda del favor. Lo coge y lo lleva volando hasta la iglesia de Taja, justo a tiempo de plantarse en su propia boda antes de que su mujer se case con otro.
A cambio le pide una cosa: un terreno en Taja donde poder descargar sus nubes.
Un pacto entre un campesino y una tormenta. Y el campesino sale ganando.
El mismo bicho, otros nombres
Se le llama Xuan Cabritu en Asturias. Y por ahí anda también como nubeiru, renubeiru, ñuberu, nublero o renuveru, según el valle. Los vaqueiros les decían escolares, aprendices de brujo.
En Cantabria cambia de tamaño y de carácter: allí son geniecillos pequeños, orondos y ladinos, montados en nubes plomizas. Y hacia Galicia hay quien lo describe peludo y con un rabo largo y retorcido, y quien lo pinta como un gigante cubierto de pieles negras.
Y por qué sigue aquí
Porque el Nuberu es el único de estos bichos que sigue apareciendo cada año.
El Cuélebre está en las cuevas y la Xana en las fuentes, y a esas hay que ir a buscarlas. El Nuberu viene él.
Cada vez que se pone negro por el oeste y en el pueblo alguien mira al cielo y dice que esta noche cae una buena, ahí está. Con su sombrero de ala ancha, cabalgando.
En el taller, el Nuberu ya tiene unas cuantas formas:
- Taza Mitología Asturiana Nuberu — para los días de niebla, que son muchos.
- Azulejo del Nuberu — el señor de las nubes, en cerámica.
- Tote Bag Nuberu — el señor de las nubes y el granizo, a la calle.
Están todas en Mitología y criaturas del norte.
Para tirar del hilo
- Aurelio de Llano Roza de Ampudia, Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres (1922), con prólogo de Ramón Menéndez Pidal. De ahí sale la leyenda del labrador de Taja. Escaneado y gratis en Internet Archive.
- Constantino Cabal (1877–1967), La mitología asturiana, en tres tomos (1925–1928).
- Jesús Callejo Cabo (1996), "Los demonios de las nubes", en Gnomos y otros espíritus masculinos de la naturaleza.
- Ramón Baragaño, La mitología popular asturiana, en el repositorio de la Universidad Autónoma de Madrid.
Sigue por el monte
Cuando escampa, el monte sigue lleno. El cuélebre con su ayalga, la xana en la fuente peinándose, y el trasgu en tu cocina, que ese no se moja.